Ramal de Talca a Constitución, un viaje en el tiempo

Le llaman el último Ramal de Chile por tratarse del único trayecto en tren de este tipo que avanza por vías secundarias. Con sus característicos colores amarillo, verde y azul, recorre de mar cordillera y de cordillera a mar la región del Maule. Por dentro, butacas verdes y viejas, pero bien cuidadas, permiten que se acomoden 80 pasajeros a lo largo de dos vagones.

Estamos en la Estación de ferrocarriles de Talca minutos antes de las 10 de la mañana a la espera de abordar. Suena el claxon. Es el llamado proveniente del Buscarril, y la gente empieza a movilizarse. Nuestro destino es Curtiduría (nombre que debe su origen a la faena de curtir el cuero), donde se está realizando la Fiesta del Chancho, que reúne lo mejor de la gastronomía, el folclor y las costumbres maulinas.

A bordo, un joven de no más de 17 años vestido de huaso nos ofrece café, mientras de fondo nos acompaña ese sonido tan característico y melódico del tren haciendo contacto con las vías. Actualmente, son 88 kilómetros los que separan el trayecto entre Talca y Constitución. Nosotros haremos 33. La máquina, en tanto, no supera los 30 kilómetros por hora.

Mientras observamos paisajes de viñedos que parecen eternos, cerros, casas de todos los tamaños y los ríos Maule, Loncomilla y Claro, el maquinista se acerca a contarnos que el Ramal cumplió 100 años de vida recientemente, y que fue en 1963 cuando se construyeron los vagones en los que viajamos.

Apenas llegamos a Curtiduría, nos encontramos con un espectáculo de cueca al son de la guitarra. También con un breve pero certero mensaje acerca de la cotidianeidad de este pueblo. Dice así: “el paseo de la gente era la estación, y la gente todo el tiempo viajaba, tanta a Talca como Constitución a vender o a comprar. Todos los días movimiento, y pasaba el carguero a diario cargando sobornales. Esto es, 10 sacos de carbón, 3 pipas de chicha, 4 pipas de vino”.

Debido a este clima mercantil, surgieron en Curtiduría grandes negocios llamados pulperías, donde se comercializaban alpargatas, géneros y utensilios de cocina.

El camino hacia la escuela en donde se está desarrollando la fiesta del Chancho de Curtiduría a la que hemos sido invitados, toma 15 minutos a pie. Allí vemos casas coloridas de adobe, más y más viñas donde corretean gallos y gallinas, algunas familias y sus perros que salen a recibirnos. También vemos las construcciones en donde existieron alguna vez bodegas de vino donde se procesaba la uva y se producía el vino dulce, más conocido como pipeño, y el tradicional vino seco.

Hoy, el último Ramal nos vuelve a transportar 100 años en el pasado. Es, sin dudar, el espíritu del campo.

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